yo lo sabía, lo sabía cuando sentía sus manos frías, su mirada extremadamente serena.
Días antes y sabiendo lo que iba a suceder, decidí que iba a estar preparada para ese día y hacer mi mejor actuación, así que adquirí la costumbre de ir a sentarme en un rincón de las funerarias, a observar y tomar nota mental de las miradas, de las palabras, de las lágrimas, de los abrazos, de los gritos desesperados de los que asisten a esos actos sociales tan poco deseados, pero que nunca dejan de ser otra razón de encuentro entre falsos amigos, cuando llego el día en el que yo debía actuar, dar las gracias, derramar lágrimas, no pude hacerlo, no lloré, ni di las gracias, ni abracé a ninguno de los asistentes a tan lamentable evento. Simplemente me concentré en tomar por última vez sus infantiles manos entre las mías, y finalizar nuestra promesa de nunca estar el uno sin el otro.
Días antes y sabiendo lo que iba a suceder, decidí que iba a estar preparada para ese día y hacer mi mejor actuación, así que adquirí la costumbre de ir a sentarme en un rincón de las funerarias, a observar y tomar nota mental de las miradas, de las palabras, de las lágrimas, de los abrazos, de los gritos desesperados de los que asisten a esos actos sociales tan poco deseados, pero que nunca dejan de ser otra razón de encuentro entre falsos amigos, cuando llego el día en el que yo debía actuar, dar las gracias, derramar lágrimas, no pude hacerlo, no lloré, ni di las gracias, ni abracé a ninguno de los asistentes a tan lamentable evento. Simplemente me concentré en tomar por última vez sus infantiles manos entre las mías, y finalizar nuestra promesa de nunca estar el uno sin el otro.